9 de junio de 2016

Colección Crespi y la Civilización Perdida de la Protohistoria Americana - Débora Goldstern©

Colección Crespi
y la Civilización Perdida de la Protohistoria Americana
Débora Goldstern©




Artículo redactado especialmente en exclusiva para el sitio Mistery Planet, desarrollando uno de los capítulos esenciales, acerca del enigma Carlos Crespi y su misteriosa colección, que “Cueva de Tayos. Secretos Subterráneos de los Mundos Olvidados”, escudriña en su totalidad.

Atienda el lector!

Carlos Crespi y su fabuloso Museo
La misteriosa historia del Padre Crespi habla de un religioso italiano de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco que pasó 60 años como misionero en Ecuador. Durante este tiempo, y como hobbie arqueológico, coleccionó una serie de objetos que estarían relacionados con ancestrales civilizaciones desconocidas. Artefactos de oro con inscripciones indescifrables, un sistema subterráneo de cuevas que contendría una Biblioteca Metálica con la verdadera historia de la humanidad, extrañas figuras que conectan América con la antigua Sumeria, y una conspiración del Vaticano para mantener oculto todo lo anteriormente mencionado, forman parte de un difícil puzle que la experta en el tema, Débora Goldstern, intenta armar en su última investigación. 

En mi reciente trabajo, «Cueva de los Tayos. Secretos Subterráneos de los Mundos Olvidados», 2015, investigación de una década sobre uno de los enigmas sudamericanos más importantes, dedico tres capítulos a repasar la historia del sacerdote salesiano Carlos Crespi Croci, y su fabulosa colección. Sin dudas este caso, verdadero X-File y centro de un interés en constante ebullición, no siempre es abordado en toda su dimensión, por lo cual vamos a intentar ordenar datos para tener una mejor comprensión sobre el tema.

¿Quién era Crespi?

Sabemos que Crespi llegó al Ecuador proveniente de su Italia natal, para iniciar una tarea pastoral con los indígenas de la zona. Durante aquel período, que la cronología data en fines de los años veinte, se dedica a desarrollar su ministerio, convirtiéndose en un actor destacado en cuanto ayuda social, magna obra por la cual actualmente se eleva su canonización. Crespi. Foto de archivo. En paralelo con estas actividades, Crespi decide dar rienda suelta a su afición como arqueólogo a través de objetos que, en agradecimiento a su labor, le fueron otorgando los fieles de su parroquia. Es así que desbordado por estas piezas, ignotas en cuanto a historia conocida, decide fundar un Museo, previa autorización vaticana.

Una colección de otro mundo

Incendio del Museo 1962
Con los años, la Colección Crespi —como empieza a ser conocida— se convierte en una sensación, siendo comentario obligado en toda Sudamérica. Durante 1962, tiene lugar un suceso decisivo, marcando un antes y después, estallido de un incendio en las instalaciones del Museo que, según rumores, tuvo carácter intencional. Incendio del Museo, 1962. 

Siete años después, en 1969, Juan Móricz, un húngaro nacionalizado argentino, presenta un acta notarial afirmando un descubrimiento sensacional acerca de la existencia de una civilización perdida, de la cual, declara, encontrar evidencias. 

Esta noticia salta a los periódicos, y llega a oídos de un naciente escritor de misterios: el suizo Erich von Däniken, quién desde Europa se embarca hacia Ecuador. Es a través de Móricz que Däniken tiene su primer contacto con el controversial salesiano, quién deslumbra al suizo con su colección. Como resultado, «El Oro de los Dioses», publicado en 1972, será confirmado como uno de los best sellers más apasionantes hasta la fecha, con la Colección Crespi como estrella principal. La irrupción de este libro causará una gran polémica, no solo por las piezas presentadas, sino porque, además, el mismo Móricz se embarcará en una dura disputa ante la información transmitida.

La conexión atlante

En medio de esta situación, otros estudiosos deciden visitar aquel extraño Museo, siendo tres de los interesados nombres vinculados al llamado enigma mayor: la Atlántida. Quién primero se apersona a conocer la colección es Mason Valentine, descubridor de la carretera de Bimini. Sus impresiones se darán a luz en un artículo, y más tarde integrando el trabajo de Charles Berlitz, quién fuera íntimo amigo. Luego le seguirá Pino Turolla, otro atlantólogo de carrera, editando «Más Allá de los Andes» (1980). 

Richard Wingate, uno de los tres atlantólogos que visitó el Museo. Su libro, 
es uno de los pocos que recrea la colección, llegando a contabilizar, 
cerca de 50.000 piezas.
Sin embargo, será con Richard Wingate, también seguidor de la tesis atlante, y con hallazgos realizados en Bermudas, que hará quizás uno de los aportes más importantes: «Lost outpost of Atlantis» (1980), donde la colección Crespi se revela como nunca antes, demostrando que Däniken estuvo lejos de exagerar con su cámara. Richard Wingate, uno de los tres atlantólogos que visitó el museo. Su libro es uno de los pocos que recrea la colección, contabilizando 50.000 piezas.En el momento de la visita de Wingate, aquel tesoro se evaluó en cerca de 50.000 piezas, cifra apabullante. Otro dato que se debe aportar es que se produce un segundo siniestro, revelado por Wingate en su libro, producido —según dijo— en los 1970s. A pesar de estos contratiempos el Museo sobrevive, y los atlantólogos estaban convencidos que algo allí vinculaba a esa colección con la esquiva Atlántida. Más tarde una visita del culto mormón también legaría tomas icónicas, descubriéndose piezas absolutamente extraordinarias, resplandeciendo en cobre, aluminio y oro.

Colección Crespi. Forografías pertenecientes a Paul Cheesman, líder mormón
década de los sesenta. Tomas con simbología sumeria, inéditas, pertenecientes 
a mi archivo personal.
La conspiración del Vaticano

A partir de 1982 se inicia un período oscuro auspiciado por la muerte de Crespi, quién ya antes de su desaparición física, será testigo de cómo se desmantela su Museo a manos de su propia orden que, con complicidad oficial, comprará toda la colección con el objeto de difundir el trabajo del salesiano —promesa incumplida hasta la fecha—. 
Desde ese entonces, el rastro del Museo y sus piezas se evaporan, volviéndose casi invisible. Ante preguntas sobre el destino de la colección, comenzarán vacilaciones con silencios incómodos, posición mantenida hasta la actualidad. 

La instalación de un discurso oficial que busca ocultar todo rastro de aquel material será moneda corriente. Ni la insistencia de nuevos estudiosos, inquietos por conocer el paradero de los objetos, logrará romper el cerco.

Los testimonios recogidos por aquellos que siguieron en su intento por vislumbrar la colección, revelan opiniones brutales, mencionando el total abandono, venta, fundición y así como maniobras poco claras, acusándose a salesianos y autoridades gubernamentales. Esta realidad tendrá su contrapartida den 2001, cuando se lleva a cabo «Unsolved Mysteries», primer congreso realizado sobre Ooparts, llevado a cabo en Austria, donde piezas Crespi vuelven al ruedo, muchas de las cuales se creían desaparecidas. 

El primer interrogante que esta muestra devela es cómo estas piezas presentadas como de la Colección Crespi salieron desde Ecuador hacia Europa, ¿existió una autorización? ¿De quién? 

Todos estos puntos son abordados en mi libro «Cueva de los Tayos. Secretos Subterráneos de los Mundos Olvidados», con material exclusivo, y testimonios nunca antes presentados, que resuelven algunas de las lagunas actuales en cuanto al destino de la colección.


Visita realizada por dos jóvenes húngaros en 2013, mostrando
la verdadera cara del Museo (Cortesía Edre Wagy y Lendik
Erik)

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